Cerrando un año de aprendizajes invisibles (pero profundos).
Hola! :)
Hay momentos del año que invitan naturalmente a detenernos. A bajar un poco el ruido externo y mirar hacia adentro; el cierre de un año es uno de ellos...
Diciembre suele venir cargado de balances, listas de pendientes y cierta sensación de “no llegué a todo”. Y en medio de eso, la maternidad sigue sucediendo... Día a día. A veces en silencio, a veces con cansancio, muchas veces con más entrega de la que somos capaces de registrar.
Hoy quiero proponerte otro tipo de cierre. Uno que no se mida en logros visibles, boletines, avances comparados ni metas cumplidas. Un cierre que mire lo que no siempre se ve, pero que sí deja huella.
Porque gran parte del acompañamiento que hacemos como mamás no se nota de inmediato, no siempre tiene aplausos ni resultados rápidos...
Está en sostener una emoción difícil.
En repetir una consigna con paciencia.
En esperar el tiempo que ese peque necesita, aunque el mundo vaya más rápido.
En elegir comprender antes que exigir.
Desde la psicopedagogía y las neurociencias sabemos que el aprendizaje no ocurre solo cuando un niño “sabe más”, sino cuando se siente seguro para intentar, para equivocarse y para volver a probar. Y esa seguridad emocional se construye en los vínculos cotidianos. En lo simple. En lo constante. En lo invisible.
Tal vez este año no viste grandes cambios externos; pero sí hubo procesos internos profundos. Tal vez tu hijo no avanzó al ritmo esperado por otros, pero encontró su propio ritmo. Tal vez vos aprendiste a mirar de otra manera, a escuchar más, a confiar un poco más en tu intuición... Y eso también es aprendizaje; también es crecimiento. Eso también importa. 💟
Cerrar el año no debería ser una carrera por llegar, sino una oportunidad para reconocer todo lo que sí estuvo; incluso -y sobre todo- aquello que no siempre se ve. Porque no todo lo que importa se ve; pero sí, todo lo que se acompaña deja huella.
Y antes de cerrar este año, quiero compartir algo personal...
Este espacio —el blog, las palabras, las reflexiones— nació este año con mucha ilusión, con ganas profundas de acompañar y de abrir conversaciones necesarias sobre la infancia, el aprendizaje y la maternidad real; y la verdad es que, hubo entradas con sólo 3 visualizaciones, comentarios que no llegaron, silencios...
Y quiero decirlo sin dramatismo ni queja, porque también esto forma parte de construir un espacio nuevo. A veces el encuentro no se da en voz alta, sino en silencio. En una mamá que lee y guarda, en alguien que piensa “esto me pasó”, en otra que todavía no se anima a escribir.
Este año me enseñó que acompañar no siempre se ve, que sembrar lleva tiempo, y que no todo vínculo se construye rápido, pero eso no lo vuelve menos valioso.
Por eso, lejos de cerrar con frustración, elijo cerrar con intención.
Con la certeza de que este espacio necesita aire nuevo, más escucha, más intercambio, más ida y vuelta. Y que eso también se construye de a poco, con confianza y presencia sostenida.
De cara al 2026, deseo que este blog sea cada vez más un lugar compartido.
Un espacio donde podamos pensar juntas, preguntar sin miedo, agradecer lo recorrido y mirar a nuestros peques con más comprensión y menos exigencia.
No todo lo que importa se ve.
Pero todo lo que se acompaña, deja huella.
Yo sigo acá; con ganas de aprender, de acompañarlas y de seguir construyendo, paso a paso, este espacio compartido.💕
Si lo sentís, te invito a cerrar este año conmigo dejando un comentario. Puede ser algo que quieras agradecerte como mamá; o algo que hayas descubierto de tu peque este año, aunque sea pequeño, aunque no tenga palabras perfectas.
💖 Gracias por estar de ese lado.
Les deseo que cierren el año poniendo foco en los logros, en los aprendizajes y en el tiempo compartido con sus peques, con sus seres queridos y el tiempo dedicado a ustedes mismas. ✨️
Que el 2026 les traiga salud, trabajo... que llegue lo que necesitan y eso que tanto sueñan.🥂
Vale 💜
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