Fiestas, Luces y Visitas: entendiendo la sobrecarga de estímulos en la infancia.

   Hola!  :)

   Hoy quiero hablarte de algo que suele pasar casi en silencio durante las fiestas, pero que muchos peques -y muchas mamás- sienten en el cuerpo.

   Diciembre avanza, se acercan Nochebuena y Navidad, y con ellas llegan las luces, los ruidos, las visitas, los cambios de rutina y los horarios que se estiran. Todo parece alegría… y, al mismo tiempo, algo se desacomoda.

   Tal vez notás que tu hijo está más irritable, más inquieto, que le cuesta dormir o que responde con berrinches que no entendés del todo. Y la verdad es que no es capricho, ni mala conducta. Muchas veces es sobrecarga sensorial.

   El cerebro infantil todavía está en pleno desarrollo. Las funciones que permiten filtrar estímulos, regular emociones y adaptarse a los cambios -como la atención, la autorregulación y la flexibilidad cognitiva- no están maduras del todo. Cuando hay demasiados sonidos, luces intensas, personas nuevas, olores, expectativas y menos previsibilidad, el sistema nervioso se ve exigido más de lo que puede procesar con calma.

   Para algunos niños esto pasa casi desapercibido. Para otros, especialmente los más sensibles, los más pequeños o aquellos con desafíos en el desarrollo o el aprendizaje, el impacto es mayor. El cuerpo habla: aparece el cansancio extremo, la desorganización, el “no quiero”, el llanto sin motivo claro... Y es importante que podamos comprender esos mensajes.

   Entender la sobrecarga de estímulos no significa evitar las fiestas ni vivirlas con miedo;  significa, acompañar con conciencia.  Ofrecer momentos de pausa en medio del ruido. Anticipar lo que va a pasar, explicar quiénes vienen, cuánto tiempo estarán, qué se espera de ese día. Respetar, en la medida de lo posible, los horarios de descanso. Permitir que el peque se retire un rato, juegue solo, se calme.

   A veces creemos que para que disfruten tienen que estar en todo. Y no siempre es así. Muchos niños disfrutan más cuando se sienten seguros, regulados y contenidos, aunque eso implique bajar un poco el ritmo.

   También es clave mirarnos como adultos. Porque cuando el ambiente está saturado, nosotras también estamos más cansadas, más sensibles, con menos margen de paciencia. Y eso influye en el clima emocional. No hace falta hacerlo perfecto. Hace falta hacerlo posible.💖

   Las fiestas pueden ser una oportunidad valiosa para enseñar algo muy importante: que escuchar al cuerpo y a las emociones también es parte del aprendizaje. Que podemos celebrar cuidándonos. Que la alegría no siempre hace ruido.

   Si este diciembre sentís que tu hijo está “pasado de estímulos”, no estás sola. No es que estés haciendo algo mal. Tal vez solo necesite menos luces por un rato, menos voces al mismo tiempo… y más presencia tranquila.

   Acompañar también es regular. Y regular, muchas veces, es bajar un cambio; es validar, ajustar, ofrecer calma cuando el mundo se vuelve demasiado.

  Porque no todos los niños viven las fiestas del mismo modo, y eso también está bien.  

 

   Si esta entrada te hizo pensar, te invito a compartirlo con otra mamá a la que pueda ayudarle a comprender un poco más a su peque en estos días.
Y si lo sentís, compartí en comentarios:  ¿Qué es lo que más sobrecarga a tu hijo en estas fechas?  A veces, ponerlo en palabras ya es una forma de acompañar.

  Hoy cierro deseándote una hermosa Noche Buena y Feliz Navidad.  

                                                                                                                                                                                                               Vale 💜


Comentarios